Pág. 18
Segrob tenía un convencimiento íntimo y profundo, que lo acompañaba desde su mas tierna infancia: En algún punto del Planeta se hallaba un cofre destinado a él, que encerraba el secreto de la felicidad.
Como en su casa no era feliz, supuso que dicho cofre no se encontraba allí, y salió a buscarlo afuera.
En sus andanzas, conoció a gente que nunca había esperado conocer, hizo trabajos que nunca imaginó realizar, disfrutó de éxitos que nunca supuso obtener, sufrió dolores que jamás pensó soportar, amó como nunca había experimentado amar.
A medida que el tiempo fue pasando, aquella imperiosa necesidad primera se fue atenuando, hasta casi alcanzar el olvido.
Segrob nunca encontró el cofre. Nunca regresó a su casa, nunca cavó debajo del banco de su jardín.
Y fue feliz.
--OoO--
No hay comentarios:
Publicar un comentario